INFUSAM llegó a su edición N°51 Y qué mejor manera de celebrarlo que dar un nuevo paso: ahora también estaremos en Instagram.
En esta edición, profundizamos en el lado más humano de nuestra Presidenta Nacional, compartiendo no solo su visión sindical, sino también su historia personal y compromiso con la salud pública de Chile. Entrevista Realizada por: Mariel Sagredo, Periodista. Gestión Gráfica: Matías Mella, Periodista – Community Manager.
Nacida en el Lota minero curtido por la pobreza y la muerte, Gabriela fue bautizada así en recuerdo de nuestra gran poetisa. Desde pequeña aprendió a luchar, primero en un pueblo machista, luego, bajo la dictadura, y tampoco le ha sido fácil desempeñarse en el mundo sindical siendo mujer. Acaba de ser premiada por la CUT como parte de la Generación de Hierro, homenaje que destacó a 14 dirigentes y dirigentas que -con su compromiso y valentía- marcaron la historia del sindicalismo chileno.
-¿Cómo fue tu infancia en Lota?
-Lota es un pueblo minero y no fue fácil mi infancia, menos, siendo mujer, pero me he ganado mi espacio. Creo que la dureza de los trabajadores del carbón se arraigó en los sentimientos de mi pueblo y de mi familia. Quienes me criaron -mis abuelos y tíos-, no eran expresivos y de mi madre nunca tuve el cariño que esperaba; faltó que me dijeran te quiero y me abrazaran.
En mi niñez y adolescencia lo tuve todo, pero me faltó más amor. Eso me marcó, soy muy exigente con los míos. Mis hijos son todo para mí, pero no soy de expresarles mis sentimientos; cuando pequeños los regaloneaba y los consentía, ahora ya jóvenes adultos, soy exigente y me reclaman ser una mamá muy fría, porque no les demuestro con abrazos ni besos lo que siento por ellos. Sí soy expresiva con mi nieto, él ha sido un aterrizaje forzoso para mis sentimientos.
Mi familia me enseñó valores que son la base de quien soy. Uno de mis tíos, que fue como mi papá, apenas pude leer me regaló el libro El arte de hablar en público, y me dijo: ´Tú tienes proyección, por eso pedí que te llamaran Gabriela`.
-¿Cuándo y cómo se inició tú compromiso político y social?
-El Golpe de Estado lo viví a los 16 años y nunca me resté de la lucha en la calle, claro que la defensa de los derechos laborales la inicié en el consultorio de Lota Alto. Allí vi injusticias con una compañera que fue maltratada por su jefatura y me dije que tenía que defenderla y así lo hice. En 1989 creamos nuestra organización, no fui su presidenta al inicio, pero pronto lo encabecé y lo sigo haciendo hasta hoy.
-¿Cómo coordinas tu permanencia en Santiago con tu casa?
-Tengo una hija, un hijo, un nieto y un compañero de vida, Luis Ormeño Carvallo, sin cuyo apoyo nunca hubiese podido hacer mi trabajo sindical. En mi casa vive todo el clan, somos uno solo y nos dividimos las tareas. Pero igual el fin de semana es maratónico para mí porque debo hacer todo lo que no hago en la semana. Para mi familia es normal que no esté 4 o 5 o días en la semana, es parte de mi quehacer.
-Te ha resultado complejo ser dirigenta en un mundo como el sindical?
-Asumí el rol de dirigenta nacional de CONFUSAM en 2002 y la presidencia hace seis años y no ha sido fácil. Hay poca sororidad y solidaridad con una y he tenido que luchar mucho para demostrar mi trabajo. No tengo pactos con ningún partido político ni con Gobierno alguno, porque siempre primero está mi organización y lo he demostrado con creces. Quizás a algunos les molesta que sea muy directa y que reaccione de inmediato, porque en este país se está acostumbrado a esconder y a ser serviles, pero soy de Lota y allí somos directos.
MI recompensa la recibo durante las múltiples reuniones que tengo con las bases y la dirigencia en todo Chile, allí la gente te abraza y te da su apoyo, algunos también te critican y eso te sirve para corregir errores. No existe dirigente perfecto y las críticas ayudan al crecimiento de la labor sindical.
-¿Te emocionó el homenaje de la CUT a la llamada Generación de Hierro?
-Me entregaron un reconocimiento porque no transo; soy sindicalista porque siempre he creído que mi misión es defender, ayudar y proteger y no voy a vender esos principios. Me sentí profundamente emocionada con ese homenaje, porque hasta los últimos días de mi vida voy a continuar siendo una mujer lotina, de hierro.